La industria automotriz está cambiando. Y no es una frase hecha. Del mismo modo en que los teléfonos dejaron de ser solo teléfonos, hoy los autos están dejando de definirse únicamente por su motor, su chasis o su puesta a punto.
En el artículo “La larga carrera en la industria automotriz: un cambio hacia el software”, Eduardo Alexandri, Director General de Sandisk para América Latina, plantea una transformación clara:
“Los automóviles están experimentando un cambio transformador. Al igual que los teléfonos inteligentes, se están convirtiendo en potentes centros de entretenimiento, que van mucho más allá del propósito original para el que fueron creados.”
La comparación no es casual. Hoy un vehículo puede convertirse en sala de cine, centro multimedia o extensión del ecosistema digital del usuario. Y como señala Alexandri:
“No sorprende que las funciones basadas en software se estén convirtiendo en la principal propuesta de valor diferencial de los automóviles.”
Incluso en segmentos de entrada, donde antes la diferenciación era puramente mecánica, hoy el argumento de venta pasa por pantallas, asistentes inteligentes y sistemas de ayuda a la conducción.
Seguridad, ADAS y el nuevo estándar tecnológico
Uno de los ejes más relevantes del texto es el enfoque en seguridad. Alexandri menciona cómo distintos mercados ya exigen integración obligatoria de sistemas como ABS, alertas de velocidad y recordatorios de cinturón.
Pero el verdadero salto está en los sistemas ADAS.
“Las funciones tecnológicas como los sistemas avanzados de asistencia al conductor (ADAS) también están adquiriendo popularidad, e incluso hoy algunos autos accesibles ya cuentan con diversas funciones ADAS para mejorar la seguridad.”
Tecnologías como LiDAR permiten detección de objetos, mapeo y operación en condiciones climáticas adversas. No se trata solo de comodidad: se trata de capacidad de reacción.
Y aquí es donde entra el verdadero protagonista silencioso de esta evolución: los datos.
Datos en tiempo real: cuando el almacenamiento se vuelve crítico
Alexandri plantea una pregunta clave:
“Pero ¿por qué son importantes los datos?”
Porque un vehículo moderno no solo genera información constantemente; debe procesarla en milisegundos. Frenado automático, activación de bolsas de aire, detección de obstáculos… todo depende de decisiones en tiempo real.
“Esto significa que los datos recopilados en los autos deben residir en los propios vehículos para poder tomar decisiones rápidas.”
Eso implica almacenamiento local de alta resistencia. No hablamos de una memoria convencional de consumo, sino de soluciones capaces de operar entre -40°C y +105°C, soportar vibración, impactos y ciclos térmicos extremos.
En ese contexto, Alexandri explica:
“Los dispositivos de almacenamiento iNAND de Sandisk están diseñados para soportar las demandas de datos de los ADAS más recientes.”
Y añade que estas soluciones cuentan con certificación AEC-Q100, estándar clave en fiabilidad automotriz.
El mensaje es claro: sin almacenamiento robusto, no hay software confiable. Y sin software confiable, no hay ADAS, ni asistencia, ni autonomía.
¿Automóviles o supercomputadoras?
El propio artículo cierra con una pregunta que no es retórica:
“En vista del ritmo al que avanza la industria automotriz, es difícil predecir cómo será el futuro de los automóviles. Pero lo cierto es que están cada vez más impulsados y definidos por software…”
Y aquí es donde vale la pena detenernos.
Desde mi perspectiva como piloto de autos turismo, con años compitiendo en pista en vehículos prácticamente analógicos, el auto siempre ha sido una experiencia física: dirección, freno, transferencia de peso, tacto mecánico.
La electrónica (bien implementada) puede ser una aliada. Control de estabilidad, ABS, mapas de motor, telemetría… todo eso aporta. Pero cuando el software deja de ser subsistema y se convierte en el eje central del vehículo, la discusión cambia.
Porque el almacenamiento no solo habilita seguridad y autonomía; también habilita una tendencia hacia vehículos cada vez más cerrados, dependientes de firmware, módulos sellados y arquitectura difícilmente reparable.
Y ahí hay un punto delicado.
Desde el lado de la comercialización de autopartes, el mercado ya observa cómo muchos vehículos nuevos reducen la reparabilidad y modularidad mecánica. Más integración electrónica significa menos intervención independiente, más dependencia de módulos completos y, en algunos casos, reemplazo en lugar de reparación.
La innovación es necesaria. La seguridad es incuestionable. La capacidad de procesamiento en tiempo real salva vidas.
Pero el equilibrio entre lo mecánico y lo digital será el verdadero reto de esta larga carrera.
El almacenamiento automotriz es hoy una pieza estratégica del rompecabezas. La pregunta hacia adelante no es si el auto será una supercomputadora sobre ruedas (porque ya lo está siendo), sino cómo mantener la experiencia de manejo, la reparabilidad y la ingeniería mecánica como protagonistas, y no solo como soporte del software.






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