Valve, la empresa que prácticamente salvó al PC Gaming de la extinción hace dos décadas, ahora está siendo tratada como si fuera una página de descargas ilegales de los años 2000. Pero, ¿realmente es culpa de Valve o estamos ante un intento desesperado de las entidades de gestión por sacar una tajada de un pastel que no les pertenece?
El ataque de la PRS
La demanda de la PRS es clara y, a la vez, increíblemente ambiciosa. Alegan que mientras los videojuegos utilizan la música para crear "experiencias emocionales e inmersivas", Valve nunca ha obtenido una licencia para el uso de los derechos que ellos gestionan. Mencionan nombres pesados, títulos que todos tenemos en nuestra biblioteca: Forza Horizon, FIFA (ahora EA FC) y Grand Theft Auto (GTA).
Según Dan Gopal, director comercial de PRS for Music, han intentado negociar con Valve durante años sin obtener una respuesta positiva. Por eso, han invocado la Sección 20 de la Ley de Derechos de Autor, Diseños y Patentes del Reino Unido de 1988. Exigen que Valve obtenga una licencia que cubra tanto el uso pasado como el futuro.
Aquí es donde el "honor" de la industria se pone en duda. La PRS dice que "los grandes videojuegos dependen de grandes bandas sonoras". Y tienen razón. Nadie imagina un GTA sin sus estaciones de radio o un Forza sin su música de festival. Pero, ¿desde cuándo el dueño de la tienda es el responsable de las licencias internas de un producto que él no fabricó?

¿Quién debe pagar realmente?
Esta es la pregunta que nos quita el sueño en la redacción. Si tú vas a una tienda física y compras un disco, la tienda no es la responsable de pagar las regalías de cada canción al compositor; eso lo hizo la discográfica al producir el álbum. En el software, la lógica debería ser la misma.
Cuando Rockstar Games mete una canción de una banda famosa en GTA V, es Rockstar quien negocia los derechos, paga las regalías y se asegura de que el contrato sea legal para su distribución mundial. Valve solo pone el escaparate y el sistema de descarga. Si la PRS tiene un problema con el uso de la música en Forza Horizon, su pelea debería ser con Microsoft y Playground Games, no con Steam.
Castigar a Valve por la música que hay dentro de los juegos que vende es como demandar a una librería porque un autor citó un poema sin permiso en la página 200 de su novela. Es un sinsentido jurídico que parece buscar el camino más fácil hacia el dinero: demandar al que tiene las arcas más llenas y el ecosistema más grande.

¿Una conspiración orquestada contra Valve?
No podemos ignorar el contexto. En las últimas semanas, Valve ha sido el saco de boxeo de la industria legal. Demandas por el sistema de "juego de azar" en las cajas de botín de CS2, demandas colectivas por supuestas prácticas monopolísticas en los precios de Steam, y ahora la PRS con la música.
¿Es una coincidencia? Lo dudamos. Parece que se ha corrido la voz entre los bufetes de abogados y las entidades de gestión de que Valve es un objetivo jugoso. Al ser una empresa privada que no cotiza en bolsa, Valve suele ser muy hermética y prefiere ignorar el ruido hasta que no tiene más remedio que pelear. Pero este "silencio" parece haber sido interpretado por organizaciones como la PRS como una debilidad o un desprecio que justifica llevarlos a juicio.
Si Valve pierde o se ve obligada a ceder y pagar esta licencia global, ¿qué pasará con la Epic Games Store, GOG o la tienda de Xbox? Todas estarían en la misma situación. Esto encarecería el costo de distribución y, adivinen quién terminaría pagando esa "tasa musical": nosotros, los consumidores, con juegos más caros o con bandas sonoras recortadas.

Si Valve decide no pasar por el aro de la PRS, la consecuencia inmediata podría ser el retiro masivo de juegos del catálogo en el Reino Unido. Ya hemos visto cómo juegos antiguos desaparecen de las tiendas porque las licencias de sus canciones caducan (el famoso caso de los juegos de Alan Wake o Tony Hawk).
Si ahora la PRS exige una licencia adicional por el simple hecho de estar en Steam, muchos desarrolladores independientes o empresas con presupuestos ajustados podrían decidir que no vale la pena el dolor de cabeza y simplemente retirar sus títulos.
El valor del creador vs. la codicia del gestor
La PRS dice que su deber es proteger el valor del trabajo de sus miembros. Estamos de acuerdo en que un compositor merece que se le valore su obra. Pero hay una diferencia abismal entre proteger los derechos y extorsionar al canal de distribución.
Valve ya paga miles de millones a los desarrolladores, quienes a su vez deberían estar gestionando sus licencias. Si la PRS cree que hay un vacío legal, su labor debería ser presionar a los legisladores para aclarar las responsabilidades, no lanzar una demanda millonaria contra la plataforma que permite que esos juegos lleguen a millones de personas.

Un frente de batalla.
Estaremos atentos a la respuesta oficial de Valve. Esperamos que, por una vez, dejen el silencio corporativo y nos expliquen cómo van a defender nuestro derecho a seguir jugando sin tener que pagar una suscripción de música invisible en cada compra.
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