A todos nos gusta Nintendo; nos encantan sus mundos y esa capacidad que tienen de hacernos sentir niños de nuevo. Pero, seamos directos: detestamos esa actitud de atacar a diestra y siniestra cualquier cosa que no encaje en sus ideales estrictos. Esta semana, la Gran N decidió volver a sacar la guadaña y mandó DMCA a 13 emuladores que vivían tranquilamente en GitHub.

Y no se equivoquen, esto no es una batalla legal por "proteger su propiedad". Si Nintendo rara vez llega a un juzgado de verdad, es porque saben que la emulación, por sí sola, no es ilegal. Mientras el código sea propio y no se robe material ajeno, un emulador es tan legal como cualquier otro software. El problema es el capital. Nintendo abusa de su poder para intimidar a gente talentosa que no tiene los millones para aguantar una pelea legal.
No les ganan con la ley; les ganan por cansancio y por miedo a la quiebra.
Entre los nombres que intentaron borrar están Citron, Eden, Kenji-NX, MeloNX, Pine, Pomelo, Ryubing, Ryujinx, Skyline, Sudachi, Sumi, Suyu y Yuzu. Lo que realmente me vuela la cabeza es que atacaran proyectos como Skyline o Sudachi, que ya estaban inactivos. ¿Por qué ensañarse con algo que ya está muerto? Porque Nintendo no quiere "justicia", quiere borrar el rastro. Quieren retrasar lo inevitable: que la Switch sea 100% emulable en cualquier pedazo de silicio que tengamos a mano.

¿Y por qué ahora? No nos engañemos. No es solo por la segunda película de Mario o por el trauma de que Zelda se filtrara días antes. Es por la Switch 2. El pánico de Nintendo es que perfeccionar la emulación de la primera consola es, básicamente, dejar la puerta abierta para la segunda. Tienen miedo de que su nueva joya nazca ya con un emulador bajo el brazo.

Pero la emulación es como una Hydra: por cada cabeza que cortan con un DMCA, van a salir tres más en foros de los que ni sus abogados han oído hablar. Proyectos como Eden ya lo dijeron claro: "Ni el código fuente está en GitHub". Ellos entienden que esto no es un capricho, es una necesidad de preservación. El hardware original se muere, las baterías se inflan y las tiendas digitales cierran sin avisar. Si no fuera por estos emuladores, ¿quién nos asegura que en 20 años podremos jugar lo que compramos hoy?

Nintendo prefiere ser el bully que manda cartas de amenaza antes que ser la empresa que innova y ofrece una solución real para que su comunidad disfrute sus juegos a largo plazo sin caer en precios abusivos. Prefieren darnos migajas de nostalgia a precio de oro mientras intentan frenar un progreso que ya es imparable.
Al final, podrán tumbar mil repositorios, pero no pueden borrar el "click" que ya hizo la comunidad con la libertad de jugar donde quiera. Sigan intentándolo, Nintendo; la Hydra tiene muchas más cabezas de las que sus DMCAs pueden contar.







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